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... por precio

* A la venta en pesos

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A sólo nueve kilómetros de Tepoztlán, atravesando pueblos y valles, se encuentra uno con el mítico Amatlán, encajonado por las montañas que dicen: hasta aquí nomás. Su río, que baja serpenteante entre rocas enormes y pozas, con o sin agua, ofrece un jardín único al alcance de sus habitantes a unos minutos desde donde sea que esté su casa. Igual, hacia donde sea que subes, espléndidos miradores, como su emblemática "ventana" mirando al cielo, o como el cerro de la Señora, el Cihualtépetl, que vigila al pueblo. Y para los que andan buscando senderos secretos, hacia la cañada, mora el anciano guardián de las aguas. Con su permiso, entre un camino salpicado de vacas, llega uno a las pozas de Amatlán, en donde enraízan los ahuehuetes y beben los sedientos.

Afortunado quien vive la sensación del “aquí no pasa nada”, aunque observando, descubre los misterios del pueblo y el sutil mundo ancestral que brinda este lugar. Todo, ante la inminente presencia de "la puerta", desde donde los Dioses nos entregaron el maíz y desde donde se cuenta que se accede al inframundo.